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España sufre seis siniestros de lunas por minuto y aumenta la necesidad de calibrar sensores

28 de julio de 2026

La reparación de lunas gana peso técnico por el avance de los ADAS.

La rotura de lunas sigue siendo una de las incidencias más habituales en el automóvil en España. Según datos difundidos por Fundación Inade y recogidos por Infotaller, en 2024 se registraron más de 1,54 millones de intervenciones relacionadas con lunas, lo que equivale a una media de seis siniestros cada minuto. Además, ocho de cada diez pólizas de automóvil incluyen cobertura para este tipo de daños.


Aunque pueda parecer una reparación sencilla, el parabrisas ha dejado de ser solo un elemento de protección. En muchos vehículos actuales integra cámaras y sensores vinculados a los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, conocidos como ADAS. Esto significa que, tras una sustitución o intervención sobre la luna, puede ser necesario recalibrar estos sistemas para garantizar que funcionen correctamente.


El dato más relevante para los talleres es que el 17% de las intervenciones en lunas ya requiere calibrar cámaras y sensores. Este porcentaje refleja cómo la evolución tecnológica del vehículo está cambiando incluso las reparaciones más frecuentes. Una actuación mal realizada no solo puede afectar a la calidad del servicio, sino también a la seguridad del conductor, ya que sistemas como el mantenimiento de carril, la frenada automática o el reconocimiento de señales dependen de una lectura precisa del entorno.


La noticia también pone sobre la mesa una cuestión medioambiental. Durante una jornada de Espacio Inade, Cristina Castro, de Glassdrive, defendió la reparación frente a la sustitución siempre que sea posible, ya que cambiar una luna genera más residuos. Según la información publicada, una sustitución puede suponer 14 kilos más de residuos por luna frente a una reparación.


Para los talleres, esta realidad abre una doble oportunidad. Por un lado, refuerza la importancia de apostar por procesos de reparación sostenibles cuando el daño lo permite. Por otro, confirma la necesidad de contar con formación y equipamiento adecuados para trabajar con vehículos cada vez más conectados y asistidos electrónicamente.


La reparación de lunas se convierte así en un buen ejemplo del nuevo escenario de la posventa: operaciones habituales, pero con mayor exigencia técnica. La clave estará en combinar rapidez, seguridad, criterio profesional y capacidad para explicar al cliente por qué una correcta calibración puede ser tan importante como la propia sustitución del cristal.