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26 de octubre de 2026
Claves sencillas para alargar la vida del vehículo y prevenir averías costosas.

Superar los 200.000 kilómetros no significa necesariamente que un coche haya llegado al final de su vida útil. Con un mantenimiento adecuado y revisiones periódicas, muchos vehículos pueden continuar circulando durante años con seguridad y fiabilidad. Sin embargo, a medida que aumenta el kilometraje conviene prestar más atención a los componentes sometidos a desgaste.
El cuentakilómetros, por sí solo, no determina el estado real del vehículo. También influyen la antigüedad, el tipo de conducción, los trayectos realizados y el cumplimiento del programa de mantenimiento. Un automóvil utilizado principalmente en carretera y revisado con regularidad puede encontrarse en mejores condiciones que otro más moderno empleado casi siempre en recorridos urbanos cortos.
Los frenos figuran entre los principales elementos que deben vigilarse. Ruidos, vibraciones o cambios en el tacto del pedal pueden advertir del desgaste de discos y pastillas. También conviene revisar la suspensión, ya que unos amortiguadores deteriorados afectan al agarre, la estabilidad y la distancia necesaria para detener el vehículo.
La dirección ofrece igualmente señales fáciles de reconocer. Holguras, vibraciones en el volante, ruidos al girar o una tendencia del coche a desviarse hacia un lado justifican una visita al taller. Detectar estos síntomas pronto puede evitar averías mayores y reducir el desgaste irregular de los neumáticos.
En estos últimos hay que comprobar la presión, la profundidad del dibujo y la posible aparición de grietas o deformaciones. También deben buscarse pequeñas pérdidas de aceite o refrigerante, que pueden revelar el deterioro de manguitos, juntas u otros componentes.
Los vehículos modernos incorporan además sistemas anticontaminación que pueden presentar problemas con el paso del tiempo. El filtro de partículas, la válvula EGR, el catalizador y distintos sensores sufren especialmente cuando el coche realiza muchos trayectos cortos. Ante un testigo de avería, lo recomendable es diagnosticar la causa cuanto antes.
Antes de acudir a la ITV resulta aconsejable comprobar luces, neumáticos, limpiaparabrisas, cinturones, niveles y posibles fugas. No existe una inspección especial para los coches con más de 200.000 kilómetros, pero una revisión preventiva ayuda a superarla y, sobre todo, permite seguir circulando con mayor seguridad.